Pedro García Lario (ESA): “La precaución es imprescindible: tras los últimos eclipses, el término más buscado ha sido ‘dolor de ojos’”

© Pedro García Lario. Imagen cedida.

 

El astrónomo Pedro García Lario lleva cerca de 30 años vinculado a la Agencia Espacial Europea (ESA), donde ha formado parte de múltiples misiones espaciales. El pasado 11 de mayo participó en la jornada “Eclipse solar total. Observación, exploración y ciencia”, actividad organizada por la Cátedra de Cultura Científica de la EHU, la ESA y el Grupo de Ciencias Planetarias de la EHU.

 

En esta entrevista analiza la importancia científica y divulgativa del próximo eclipse solar total que tendrá lugar el próximo 12 de agosto, un acontecimiento astronómico excepcional que volverá a ser visible desde Euskadi 120 años después. Además, también alerta sobre los riesgos de observar este fenómeno sin la protección adecuada.

 

1.- Para empezar, ¿por qué el eclipse solar total del próximo agosto va a ser tan especial? ¿Y cómo se va a vivir en Euskadi?

 

Vivir un eclipse total de Sol en un lugar determinado del planeta no es algo frecuente. De media, ocurre aproximadamente una vez cada cien años. En particular, el eclipse del 12 de agosto será el siguiente después de uno que tuvo lugar el 30 de agosto de 1905, nada más ni nada menos que hace 120 años.

 

Además, este eclipse forma parte de un fenómeno aún más excepcional: un trío de eclipses consecutivos (2026, 2027 y 2028), visibles desde distintas localizaciones de la Península Ibérica, algo que no volverá a repetirse en siglos.

 

En el caso de Euskadi, nos encontramos justo en el borde de la zona de totalidad, la franja en la que el oscurecimiento del Sol será completo. La frontera entre el eclipse solar total y el parcial pasará por los alrededores del Gran Bilbao, así que pequeñas variaciones de localización harán que la experiencia cambie muchísimo.

 

Por ejemplo, en la zona del Guggenheim la totalidad durará alrededor de 30 segundos, mientras que en zonas como Vitoria-Gasteiz o La Rioja superará el minuto. En cambio, en lugares de la costa como Sopela, ya no llegará a verse de manera total. Y esa diferencia es enorme. Aunque el Sol quede oculto en más de un 99%, no se vive el mismo efecto sensorial que durante una totalidad completa.

 

2.- Si el tiempo acompaña, ¿qué vamos a poder ver en el cielo durante el eclipse?

 

Hay dos aspectos que hacen especialmente singular el eclipse del próximo 12 de agosto. El primero es su rareza y el segundo, que se producirá al atardecer, con el Sol muy bajo en el horizonte. En Bilbao, por ejemplo, estará apenas a unos 8 grados. Esto obliga a escoger muy bien el lugar de observación, evitando montañas, edificios o árboles que puedan ocultarlo. Lo ideal será buscar un punto elevado y despejado hacia el oeste.

 

La fase parcial comenzará hacia las 19:15-19:30 y se prolongará a lo largo de tres horas. Con las gafas homologadas adecuadas podremos ver cómo la Luna va ocultando progresivamente el disco del Sol, como si se lo estuviera comiendo. Poco antes de la totalidad aparecerá el llamado “anillo de diamantes”, cuando los últimos rayos solares formarán un destello brillante en uno de sus bordes, seguido de las “perlas de Baily”, pequeños puntos de luz que atraviesan las montañas y cráteres de la superficie lunar.

 

A continuación, llegará la totalidad, el único momento en el que se puede observar el eclipse sin protección. Durante esos segundos podremos contemplar la corona solar, una estructura de plasma normalmente invisible, además de algunas pequeñas protuberancias que forman parte de las eyecciones de la parte más externa de la fotosfera. Dependiendo del lugar de observación, esta fase durará desde unos 30 segundos hasta alrededor de 1 minuto y 50 segundos en la franja de máxima totalidad.

 

Después, el proceso se repetirá a la inversa: volverán a aparecer las perlas de Baily, el anillo de diamantes y comenzará la fase parcial final. En esta fase es imprescindible volver a protegerse la vista.

 

3.- Uno de los mensajes en lo que más se insiste es en la importancia de utilizar métodos de observación segura. ¿Qué tenemos que tener en cuenta para disfrutar del eclipse sin riesgo?

 

Nunca debemos mirar directamente al Sol. Este es el mensaje más importante que hay que transmitir a la ciudadanía. Todavía hay personas que creen que unas gafas de sol normales, una radiografía o incluso negativos fotográficos sirven para protegerse durante un eclipse, pero ninguno de estos métodos es seguro.

 

Los riesgos de observar el Sol sin la protección adecuada son serios y pueden provocar daños irreversibles en la retina. De hecho, tras eclipses recientes en países como Estados Unidos o México, el término más consultado en las búsquedas de internet locales era “dolor de ojos”, y las consultas oftalmológicas aumentaron de forma considerable en los días posteriores.

 

Para observar el eclipse hay que utilizar exclusivamente gafas homologadas para eclipses, que cumplan con la normativa ISO 12312-2. Estas gafas reducen la intensidad de la luz solar en un factor superior a 30 000 veces. Aun así, no se recomienda utilizarlas de manera continua durante periodos prolongados.

 

En el caso de la observación con prismáticos y telescopios es necesario extremar aún más las precauciones. Nunca se deben utilizar sin filtros solares específicos porque el efecto lupa puede provocar quemaduras irreversibles en la retina en pocos segundos.

 

Otra cuestión importante es que los niños y niñas deben estar siempre supervisados por personas adultas durante la observación de un eclipse. Y, si se utilizan instrumentos ópticos con filtros, además de utilizar la homologación adecuada, hay que evitar cualquier manipulación accidental mientras se está observando el fenómeno.

 

4.- Si alguien no consigue gafas homologadas, ¿qué otras alternativas existen para observarlo sin dañar la vista?

 

Existen varios métodos caseros para observar el eclipse de forma segura e indirecta si alguien no dispone de gafas adecuadas. Uno de los métodos más sencillos consiste en utilizar una rasera o espumadera de cocina. Basta con colocarla frente al Sol y proyectar la luz sobre una superficie blanca, por ejemplo, un folio. Los pequeños agujeros actúan como una cámara oscura y generan múltiples imágenes del Sol eclipsado.

 

También se puede construir una cámara oscura casera con una caja de cartón cerrada. Se coloca una lámina blanca en el fondo y se realizan dos aperturas en uno de los laterales: uno pequeño, cubierto con papel de aluminio, por donde entra la luz solar, y otro agujero de mayor tamaño desde el que observamos en dirección contraria al Sol. Incluso las hojas de los árboles producen un efecto similar, ya que los pequeños huecos entre las ramas proyectan sombras en el suelo con múltiples imágenes parciales del Sol eclipsado.

 

En cualquier caso, la recomendación sigue siendo extremar las precauciones y recordar que solo durante la totalidad es posible retirarse la protección ocular. Además, es conveniente probar previamente las gafas homologadas antes del eclipse para familiarizarse con su uso: tan solo hay que colocarlas mirando hacia el suelo y, cuando están colocadas, podremos mirar hacia el Sol.

 

5.- Forma parte del Comité Científico y de Asesoramiento del Trío de Eclipses. ¿Cómo afrontan desde el comité este reto a nivel logístico y divulgativo?

 

Cada eclipse supone un desafío organizativo enorme. En este caso, sobre todo, a nivel logístico. En ciudades como Madrid o Barcelona el eclipse total no llegará a verse, así que se esperan muchos desplazamientos. Habrá que gestionar con anterioridad tráfico, servicios de emergencia y también riesgos asociados al verano, como los incendios en algunas zonas más secas. Desde el punto de vista logístico es como organizar una etapa del Tour de Francia simultáneamente en distintos puntos de España durante unas pocas horas.

 

Pero, al mismo tiempo, es una oportunidad extraordinaria para divulgar ciencia y despertar vocaciones científicas, en especial entre los más jóvenes. La experiencia de vivir un eclipse solar total conlleva un gran impacto emocional. De hecho, Santiago Ramón y Cajal contó que decidió dedicarse a la ciencia después de observar un eclipse solar cuando era joven, el del 18 de julio de 1860.

 

Además de servir de inspiración a Ramón y Cajal, el estudio de los eclipses ha tenido un papel fundamental en algunos de los descubrimientos más relevantes de la historia de la ciencia. Entre otros ejemplos, gracias a un eclipse solar en 1868 se descubrió el helio, un elemento químico que no existe de forma natural en la Tierra y que se detectó a través de la espectroscopía incipiente de la época. Aunque ahora ya sepamos prácticamente todo sobre el Sol, gracias a este fenómeno astronómico también pudimos conocer, a mediados del siglo XIX, cómo era la corona solar, formada por plasma y con temperaturas de millones de grados.

 

Años más tarde, en 1919, el astrónomo británico Arthur Eddington aprovechó un eclipse para comprobar la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. A través de un experimento, observó cómo la gravedad del Sol deformaba la trayectoria de la luz de las estrellas cercanas, desplazadas por el efecto de la curvatura espaciotemporal predicho por Einstein con respecto a la posición natural donde deberían estar.

 

En definitiva, el Trío de Eclipses convierte a la Península Ibérica en un escenario excepcional tanto desde el punto de vista científico como divulgativo.

 

6.- Más allá de la observación, ¿qué iniciativas se están organizando desde el Comité para acercar el eclipse al público?

 

La Comisión del Trío de Eclipses, en colaboración con la FECYT, ha puesto en marcha la web trioeclipses.es, en donde la ciudadanía puede consultar información práctica sobre observación segura, mapas de sombras y previsiones de visibilidad en distintos puntos de la Península.

 

Asimismo, también se están organizando varios proyectos de ciencia ciudadana relacionados con el eclipse, desde experimentos para medir cambios de temperatura y luminosidad hasta iniciativas para estudiar cómo reaccionan los animales durante la totalidad.

 

En mi caso, voy a disfrutarlo desde Turmiel, un pequeño pueblo de Guadalajara donde se ubica nuestra casa familiar desde hace varias generaciones, muy cercano a la franja de totalidad y con unos cielos oscuros espectaculares, habituales en la España vaciada, sin contaminación lumínica. Creo que experiencias así nos conectan de una manera especial con el universo y en mi caso también con el lugar donde he pasado mi infancia.

 

Además, quienes amamos la astronomía tendremos un regalo añadido: esa misma noche, tras el eclipse, podremos disfrutar de la lluvia de las perseidas, que alcanzarán su máximo la noche del 12 de agosto. Una experiencia total.

 

7.- Además de toda esta labor divulgativa relacionada con el Trío de Eclipses, también eres investigador en la misión Gaia de la ESA, dedicada a cartografiar la Vía Láctea. ¿Nos queda mucho por descubrir de nuestra galaxia?

 

La misión Gaia es, con toda probabilidad, la misión más productiva de la historia de la Agencia Espacial Europea. Desde su lanzamiento en 2013 ha generado alrededor de 16 000 artículos científicos y más de 165 tesis doctorales, y todavía solo se ha publicado una pequeña parte de todos los datos recogidos.

 

La misión está cartografiando la Vía Láctea con una precisión nunca antes alcanzada, midiendo la posición y el movimiento de alrededor de 2 000 millones de estrellas. Gracias a ello, hoy disponemos de una especie de “Google Maps” de nuestra galaxia y podemos hacer algo similar a una arqueología galáctica: reconstruir cómo se han movido las estrellas a lo largo del tiempo para entender el pasado de la Vía Láctea.

 

Uno de los descubrimientos más importantes ha sido comprobar que la Vía Láctea ha crecido a lo largo de su historia mediante choques y fusiones con otras galaxias más pequeñas, algo que podríamos describir como una especie de “canibalismo galáctico”. Gaia permitió detectar corrientes de estrellas que se movían “a contracorriente” respecto al movimiento general de la galaxia, una pista clave para descubrir esas antiguas colisiones. También se han podido descubrir agujeros negros de tamaño intermedio en sistemas binarios -indetectables hasta ahora- y se ha creado el catálogo más grande de estrellas variables de nuestra galaxia.

 

Aun así, seguimos conociendo solo una pequeña parte de la Vía Láctea. Las estrellas medidas por Gaia representan un 2% del total de la galaxia, aproximadamente, así que todavía nos queda mucho por descubrir.

 

 

Sobre la autora

 

María Larumbe (@emelarumbe.bsky.social) es periodista y responsable de comunicación en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.